EL OCULTISMO
HIPERMERCADO DEL ESPÍRITU
No es casualidad que nuestro
siglo, marcado por una profunda descomposición social, haya visto florecer
multitud de personajes y grupos que con el mayor descaro pretenden ser
considerados custodios del saber tradicional.
Fernando García Mercadal
La esperanza milenarista, desafiando el fervor racional y científico, nos ha desvelado, junto a las legítimas críticas de la sociedad profana, la existencia de una tribu oscura integrada por visionarios de toda laya que con el pretexto de facilitar el acceso a unos principios superiores ha sembrado en realidad la confusión e inquietud en muchas almas necesitadas de auténtico estímulo sobrenatural.

No nos estamos refiriendo al resurgir contemporáneo de algunas viejas religiones (como el caso del Islam), ni siquiera a la proliferación de sus formas más degradadas (las sectas). Tampoco a la sophia perennis o gnosis -genuína metafísica para la que preferimos reservar el nombre de esoterismo-, sino a un conjunto heterogéneo de asociaciones caracterizadas por su secretismo y fascinación por los ritos que dirigidas casi siempre por un líder carismático prometen a sus miembros la regeneración espiritual y conocimientos desconocidos.
Nos hallamos, pues, ante un fenómeno de nuestro tiempo manifestado bien como fuga anárquica hacia el futuro, bien como regresión hacia las formas más primitivas del psiquismo humano. El gran número de mentalidades débiles y sumisas que han aceptado imprudentemente estas doctrinas, sin percatarse del enorme peligro que encierrran, puede darnos una idea aproximada de su perniciosa influencia.

El espiritismo
La muerte y lo que sucede después de ella ha sido objeto de preocupación en las civilizaciones más remotas. La posibilidad de una comunicación entre los seres vivos y los de ultratumba también ha sido defendida desde antiguo. Pero el espiritismo moderno propiamente dicho surge en 1848 a raíz de los extraños fenómenos ocurridos en la casa de las hermanas Fox, en Hidesville (Nueva York), que lograron ponerse en contacto, por medio de un sencillo método de golpes, con el espíritu de un buhonero fallecido años antes. El suceso alcanzó gran notoriedad y la invocación a los difuntos, a través de una persona con funciones de enlace (medium), se divulgó rápidamente convirtiéndose en una actividad que pronto contó con miles de adeptos, sobre todo entre las clases acomodadas de la sociedad victoriana. El pensamiento espiritista postula que el ser humano está compuesto de tres elementos: cuerpo físico, alma y periespíritu (que participa de la naturaleza de los dos anteriores). Allan Kardec (1804-1869) fue su más importante propagador y sus obras Le livre des esprits y Le livre des mediums continúan vendiéndose hoy día junto con las de Flammarion y Denis, sus discípulos más avezados. Por su parte científicos de prestigio como William Crookes, Alfred Russel, William Barret y Oliver Lodge prestaron atención a las levitaciones, magnetismo y trances hipnóticos que manifestaban algunos practicantes, denunciando muchos fraudes procedentes del ilusionismo no psíquico también muy popular por entonces. Iniciado el siglo XX los avances tecnológicos han permitido fotografiar ectoplasmas (sustancia vaporosa resultante de la materialización de un espíritu) y auras (radiaciones ultravioletas que rodean al cuerpo humano) así como registrar voces espectrales (psicofonías).
Hoy nadie pone en duda la existencia de los fenómenos paranormales y el carácter científico de la parapsicología. Sin embargo la fe en la supervivencia del alma, una vez desprendida de la materia, no implica que aquella pueda hacerse visible o tangible mediante apariciones y contactos. El único mérito del espiritismo ha sido el de llamar la atención por vez primera sobre la metapsíquica, pero no olvidemos que la energía liberada por los mediums, al abandonarse a fuerzas e influjos inferiores que escapan a todo control, quiebra la unidad espiritual que debe regir los actos de cualquier personalidad formada.
Teosofismo y antroposofía
Como acertadamente puntualiza Julius Evola en Máscara y rostro del espiritualismo contemporáneo es necesario distinguir la teosofía tradicional, que propugnaba un conocimiento intuitivo de la Divinidad, de la doctrina elaborada por la aristócrata rusa Helena Petrovna Blavastky (1831-1891), -aventurera infatigable-, a partir de las enseñanzas recibidas de los mahatmas tibetanos[1]. Realmente HPB no vertebró una auténtica filosofía sino más bien un complejo sincrético de misticismo, referencias hiperdemocráticas y experiencias personales con el que pretendía favorecer el desarrollo de las potencias latentes en la mente humana y que concretó al final de su vida en una obra de farragosa lectura: La Doctrina Secreta. El teosofismo se atribuye además el haber dado a conocer la olvidada espiritualidad de Oriente a través de conceptos como el karma (la acción regida por la ley moral), el evolucionismo de las conciencias hasta el completo dominio de los poderes ocultos y la reencarnación o metempsicosis (afirmación del paso de una misma alma por varios seres humanos).
Madame Blavatsky fijó la sede de sus actividades en Adyar, cerca de Madrás (India) donde todavía hoy permanece el centro neurálgico de la Sociedad Teosófica. Tras su muerte se suscitó un acalorado debate por la dirección del movimiento entre el Coronel Olcott, William Judge y Annie Besant responsables de sus secciones asiática, norteamericana y europea respectivamente. Ésta última acabó imponiendo sus criterios dando una nueva orientación al teosofismo que perdió el rigor teórico en provecho de los aspectos taumatúrgicos y sentimentales.
El pedagogo austríaco Rudolf Steiner (1861-1925) elaboró sobre la base de un teosofismo reformado su propia ciencia espiritual a la que denominó antroposofía. Instalado en Weimar para estudiar minuciosamente las ideas de Goethe y Nietzsche se pronunció sobre las disciplinas más diversas. Sus propuestas, de marcadas raíces occidentales e historicistas, invitaban a la aprehensión de los ritmos de la naturaleza y a la comprensión del mundo suprasensible mediante la eritmia, es decir, la eliminación de toda influencia carnal o prejuicio intelectual[2].
La Golden Dawn versus Aleister Crowley
A finales del pasado siglo adquirió auge, primero en Inglaterra y luego en Francia y Escandinavia, la más insólita de las organizaciones secretas de nuestro tiempo: al Alba Dorada (Hermetic Order of Golden Dawn). Su fundador Salomon L. Mathers (se intitulaba emperador) permaneció en todo momento como un personaje misterioso y poco accesible, difundiendo sus postulados entre los ambientes artísticos y literarios. El premio Nobel W.B. Yeats, que se sintió toda su vida atraído por el misticismo y lo oculto, Stoker (autor de Drákula) y Sir Gerald Kelly, presidente de la Royal Academy, pertenecieron a la misma. La GD estaba gobernada, según sus mentores, por Superiores Desconocidos y los iniciados se entregaban a sesiones de magia práctica y rituales celtocrísticos en suntuosos templos que abrieron sus puertas en Londres, Bristol, Edimburgo y París. En 1898 Aleister Crowley es introducido en la orden revelando una pronta disposición para el estudio de la alquimia y otras ciencias afines. Después de un largo periplo por Méjico, India, Japón y Egipto crea una nueva escuela que suplanta a la Golden Dawn. Se llama Austrum Argenticum. Su fuerte personalidad logrará arrastrar enseguida a un buen número de simpatizantes. Él se había dado el nombre de Gran Bestia (cuya signatura 666 es el Anticristo del Apocalipsis) y las féminas que utilizaba eran las mujeres escarlata. Perseguido por las autoridades de diversos países acabó fundando en una granja cerca de Palermo la Abadía de Telemo donde hombres y mujeres se entregaban a experiencias eróticas colectivas. Su obra, amalgama de satanismo y religión orgiástica (droga y sexo), se encuentra expuesta en el Liber Legis que desarrolla los tres principio que guiaron su azarosa existencia: "Haz todo lo que quieras; todo hombre es una estrella y la ley es el amor sometido a la voluntad".

La masonería
Existen más de cuarenta opiniones distintas para explicar el nacimiento de la masonería. Tampoco hay unanimidad de criterios para definirla. ¿Religión? ¿Academia? ¿Asociación secreta? Todo el mundo se muestra de acuerdo, sin embargo, en el morboso interés que despierta. La historiografía más reciente ha logrado, sobre todo gracias a las investigaciones del jesuíta aragonés Ferrer Benimeli, aclarar muchos de sus enigmas y poner fin a la leyenda negra que ha rodeado desde siempre sus actividades. Lástima que algunos autores guiados quizás por un exceso de celo apologético hayan caído en el extremo opuesto, negando la veracidad de algunos acontecimientos de los que ha sido protagonista, y dando pie a lo que Ricardo de la Cierva denomina con cierta malicia leyenda rosa de la masonería[3].Su verdadero origen podemos remontarlo a los gremios medievales de constructores que establecieron estrechos vínculos de hermandad y auxilio mutuo, etapa que conocemos como masonería operativa y que dura hasta principios del siglo XVIII, fechas en las que experimenta una profunda transformación abandonando las técnicas arquitectónicas y dirigiendo sus fines hacia compromisos filantrópicos y proselitistas (masonería especulativa).

Actualmente es incorrecto hablar de masonería en sentido unívoco pues existen diferentes ritos y obediencias. Simplificando podemos distinguir la masonería anglosajona (inglesa, americana, alemana, escandinava y la Gran Logia Nacional Francesa) llamada también regular pues se declara heredera de la Logia de Inglaterra fundada en 1717, que goza de reconocimiento oficial y tiene inspiración deísta, y la masonería latina, de orientación racionalista y anticlerical, que dio cobijo a muchos revolucionarios románticos en el XIX y que ha participado con apasionamiento en importantes incidencias políticas más próximas. Junto a las citadas podemos mencionar otras masonerías atípicas como la Amorc fundada por Spencer Lewis (que inicia a sus neófitos por correspondencia y tiene su sede central en San José, California), ciertas asociaciones que se dicen rosacrucistas, la logia italiana P-2, etc.
En cualquier caso nos parece que los símbolos y alegorías de la masonería, así como sus grados jerárquicos y ceremonias están mucho más cerca de la teúrgia y el ocultismo como praxis que de la profundidad del pensamiento esotérico.
¿Hitlerismo esotérico?
La existencia de un trasfondo mágico en el nacionalsocialismo adquirió fuerza especialmente tras la aparición de El retorno de los brujos, libro de Louis Pauwels y Jacques Bergier que ha alcanzado una inusitada difusión. Desde entonces la bibliografía[4] sobre este asunto es cada vez más copiosa (y salvo excepciones de ínfima calidad) pudiendo distinguirse los textos que consideran dicho movimiento político consecuencia de un proyecto oscurantista y diabólico (ocultismo nazi) y aquellos que por el contrario lo conciben como lógico resultado de una tradición germánica sumergida, inspirada a su vez en la nostalgia por una edad de oro presente en todos los pueblos de estirpe indoeuropea (hitlerismo esotérico). Unos y otros coinciden, no obstante, en destacar la influencia que tuvieron las sociedades secretas y patrióticas, tan abundantes en la Alemania de principio de siglo, en los promotores del NSDAP. Entre las mismas debemos citar la Orden de los Nuevos Templarios, fundada por un ex-novicio cisterciense llamado Adolf Lanz, la Logia del Vril uno de cuyos destacados miembros Karl Haushoffer fue el creador de la geopolítica y sobre todo el grupo Thule, formalmente dedicado a las investigaciones etnográficas pero en la práctica comprometido con el advenimiento del nuevo régimen. Su principal inspirador Dietrich Eckart mantuvo estrechas relaciones con Rudolf Hess, Alfred Rosenberg y el propio Hitler.La concepción esotérica del nazismo ha sido vinculada, en el marco de una filiación occidental, a la religión solar y el catarismo[5], pero también al tantrismo e hinduismo en donde el Führer es representado como la última encarnación del arquetipo hiperbóreo y la swástica levógira como símbolo inconsciente del colectivo ario[6].

Los maestros de Oriente
El desarrollo industrial y tecnológico de Occidente parece haber desarmado espiritualmente a sus habitantes que buscan con afán un remedio con el que aplacar la angustia de su vacío interior. Por este motivo muchas personas se han dejado embriagar por el exotismo de Oriente en un intento de reencontrar en sus tradiciones milenarias la armonía con la naturaleza y la intimidad de su yo. Así se explica la difusión de lo que podríamos llamar neobudismo occidental, conjunto informal de lo que erróneamente se consideran simples técnicas de relajación (yoga, zen, meditación trascendental) y actitudes contemplativas y de no violencia programadas para el consumo de masas. Vivekananda (divulgador en Europa y Norteamérica de la doctrina de los vedas), Krishnamurti, Mahariji y Prabhupada (fundador de la conciencia de Krishna) son algunos de los profetas más populares entre nosotros. Sus enseñanzas han sido frecuentemente edulcoradas por una variada hueste de gurus y yoguis de inferior categoría que han explotado para su provecho personal la moda del misticismo hindú.

La decadencia espiritual de Occidente se ha puesto de manifiesto en la aceptación de innumerables "gurus" de importación indiscriminada, que han recibido verdaderos baños de masas, sobre todo en USA.
Artículo aparecido originalmente en revista Punto y Coma, nº 7, 1987.
[1] Los mahatmas o maestros de la sabiduría ocupan el rango más elevado entre los miembros de la Gran Logia Blanca, o sea la jerarquía oculta que según los teósofos gobiernan secretamente la Humanidad.
[2] Un estudio crítico del teosofismo y de la antroposofía se encuentra en la obra de René Guénon El teosofismo. Historia de una pseudoreligión. Editorial Huemal. Buenos Aires, 1954.
[3] Un completo resumen histórico sobre la masonería puede consultarse en el número monográfico de Historia 16 correspondiente al mes de noviembre de 1977. Para cualquier estudio sobre el tema sigue siendo de consulta imprescindible Bibliografía de la Masonería. Introducción histórico-crítica, de José Antonio Ferrer Benimeli (Zaragoza, 1974).
[4] Como bibliografía general puede consultarse: Nazisme et Societés Secrétes de Jean-Claude Frere (París, 1969) y El nazismo sociedad secreta de Werner Gerson (seudónimo de Pierre Mariel. México, 1976).
[5] Cfr. Thule. Le soleil retrouvé des hyperboreens de Jean Mabire (París, 1978); Hitler y la tradición cátara de Jean Michel Angebert (Barcelona, 1976) y Le mystere Otto Rahn. Du catharisme au nazisme de Christian Bernadac (París, 1978).
[6] Ésta es la opinión sostenida por el diplomático chileno Miguel Serrano, amigo personal de Herman Hesse, C.J. Jung, Nehru, Gandhi, etc., en tres publicaciones muy sugerentes pero de imaginación desbordada (Adolf Hitler, el último Avatara, El cordón dorado y La resurrección del Héroe). También por la escritora Savitri Devi en Souvenirs et reflexions d'une aryenne y Gold im schmeltigel.

